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miércoles, 18 de abril de 2018

Nena Modigliani (Parte II)

Ahora, antes que el planeta explote, debería decirte unas cuantas cosas. No cosas normales de esas que se van por las orillas, como siempre, como se van todos y continúan con sus infames monólogos sin escuchar a los demás, sin parar la lengua ni limpiarse los oídos. Cosas serias, duras, como las que se guardan y se dicen antes de la guerra. Ahora, cuando las calles y las almas son más frías, debería tenerte al lado para cantar y bailar una de esas canciones de amor. Para que los días se hagan más livianos y así aguantar cada grito, cada herida sin arrugar los ojos. Ahora que llueve y la lluvia hace espejos en el piso y veo mi rostro pálido y alargado, ahora que el suelo está frío y los olores son más olores, húmedos y puros. Ahora debería iniciar nuestra conversación muy a mi estilo de conversación-estilo-libre y mandarte "y tú qué tal" y verte guardar silencio mientras tomas el resto de tu cerveza y caminas por el lugar y cantas esa canción de Pink Floyd que nos recuerda al infierno y arrojas la lata contra el piso y recitas ese bello poema de Bukowski que dice eso de que el amor es un perro del..

Nena, estamos aquí en las orillas de la tierra, en los bordes de la civilización, y somos los televidentes de la estupidez planetaria y no hay más por hacer. Pero debemos guardar un abrazo para los días malos y unos tantos más para los días normales, para esos días en los que es más fácil aligerar el paso y regalar sonrisas, para esos días en que es más sencillo soportar la mierda del mundo.

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miércoles, 11 de junio de 2014

El color de los días (Walkie talkies)

Nena, ya lo ves, soy cada vez más mediocre y me aturden, con cierta indolencia disimulada, el color de los días y el pitido de los carros. Con cada momento que pasa me convierto un poco más en un ser que va por ahí arrastrando los pies. Nena, no soy James Dean, aquí no hay nada de Rebeldes sin causa. Intentaba, desde hace mucho, escribirte una de estas conversaciones-muy-estilo-libre pero, estaba ocupado en nada, viendo pasar los carros y la fila que hacen las hormigas, de esas anaranjadas, desde mi cubículo. Debe ser que extraño verte pasar con mi camiseta del Ché o de Jim Morrison. Verte ir de un lado a otro, saltar de la cama, semidesnuda, moviendo el trasero y escuchar tu risa revotar contra los vidrios de la ventana. Alguna vez me dijiste que la gente sola, la que decide estar sola, no tiene esos problemas. Debe ser mucho más fácil, al menos confunden sus soledades con la coherencia de sus eructos. Ahora, me cuesta concentrarme en las palabras, y la cosa es que las palabras son engañosas, crueles y a veces, no son suficientes. Entonces ocurre que las palabras se me atrancan en la nuca y quizá tú, desde tu lugar del mundo, terminarás diciéndote que te digo las cosas, de una mejor forma, cuando estamos juntos en tus sueños o desde los deseos de que hable cosas razonables. Es un lío que me acompaña desde siempre. Y tu tiempo, el que suelo malgastar en esto, se ahoga en la sed de los vasos vacíos. Debería ser más sencillo, como un simple juego con walkie talkies. Decir "cambio", descansar y poder pensar las próximas palabras, las próximas respuestas. Aunque si así fuera, tampoco me alcanzaría el tiempo. Entonces tú, desde tu lugar del mundo, aguardarías durante largos silencios por la frase adecuada y te quedaría tiempo suficiente para pensar en colgar o en apagar el aparato. Nena, este día es gris y apenas estoy pensando en escribirte una conversación-muy-a-mi-estilo-libre-que-me-deje-pasarte-un-poco-de-mi-aliento. Escribirte niña mía, para liberar un poco las agujas del reloj, para saberte cerca, al menos, en la tinta del lapicero, en el tic/tac del cursor. No hay música. No hay Regina Spektor que me adormezca. No hay un temazo de Billy Joel para la mañana. No hay luz, y eso que por aquí, la luz de la mañana, se apura en salir. Tal vez en algún momento  después, pueda escribirte algo decente.

miércoles, 30 de junio de 2010

A una amiga desconocida (Destino: Isidora)

Niña mía,
¿Cómo decirte que este sol que muele mis espaldas no es castigo de algún dios cruel? ¿cómo puedo caminar por allí igual que todos y aún ser capaz de sonreír? La gente es definida por sus actos y yo simplemente soy un ser despreciable que no necesita de poesía ni de amor para serlo (¡Cuan grande era la bondad de Raúl que necesitó esos inestables elementos para ser alguien con mínimo valor!).

He caminado ya bastante y me desvío de mi rumbo para recordarte. Para imaginarte. Para saberte existente. Liliput es una ciudad lejana y yo soy impaciente, y a veces melancólico. He visto niña mía, como las ratas pueden derrumbar imperios y como los bichos taladran libros y bibliotecas. Así que no me queda otra opción que buscar y desear ese lugar al que solo se llega cuando los deseos son simples escaramuzas de memorias oxidadas.

Hoy he comprobado niña mía, que soy poco más que nada y que ni mis pasos son de mi propiedad. ¿Te cuento que pasa entre las calles que soplan? No, no es necesario y no quiero amargarte, conmigo es suficiente. Isidora se presenta a lo lejos y se nota entre neblinas. Camino, camino, camino. Estoy harto, cansado, pero la ciudad da refugio a desamparados, desesperados y perdedores (todo esto tan mío). Un tal Italo vende cigarrillos al costado de la carretera. Sonríe y parece bondadoso. Compro una caja, porque no hay nada más que comprar allí y porque imagino que a veces tu olor es como el del papel brillante que viene dentro.

Niña mía, es suficiente que abramos los ojos para extraviarnos, más tú (desconocida) y yo. Creo que de alguna extraña forma nos parecemos. Nos equivocamos hasta el cansancio y somos unos mentirosos de gran calibre. Sí, sobre todo en esto último creo nos parecemos. Quizá no, quizá sólo mienta una vez más. La crueldad de ser humano me permite avanzar y pisotear a algún tipo normal. Pero te aseguro, a veces siento ganas de llorar en mitad de la calle. Tú estás entre cruce de carros, desconocida, entre semáforos, ajena a mis palabras, sin encontrar una sola razón para que mi respiración te encuentre. Ya lo sabes. Este mundo está lleno de truhanes.

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lunes, 15 de junio de 2009

Destino: No importa (A una amiga desconocida)

Querida amiga,
Ya el café no es tan bueno, camino poco así como igual escribo. De la ciudad, pues el cielo toma un aspecto plomizo y te podría parecer tonto pero me pone melancólico. Los días son los mismos mi querida amiga, somos demasiado egocéntricos al querer medir el tiempo, cosa tan imprecisa y prejuiciosa.

¿Sabes? creo que te he visto por ahí mientras soñaba, ahora no puedo precisar si fue en una siesta o en un amanecer mientras me preparaba para seguir siendo el mismo que mira el ventilador y cierra los ojos. Me despierto en ocasiones y escribo cosas sin mucho sentido que quizás en algún momento podamos leer juntos, talvez, tú te rías y yo te pida que no lo hagas entre carcajadas. Reírnos de mis estupideces y mirarte a los ojos para luego bajar el rostro sin tener razón.


Me pregunto si la magia existe. Y si las canciones de amor y el mismo amor son una burla de nuestros sentidos en contra de nuestros delirios, si el caso en que no sabemos nada de nada y por tanto lanzamos balbuceos que traducen nuestra desesperación. Sentirse solo querida amiga, y más que solo, aislado. A veces (más de las que me gusta admitir) me siento así. Siento la presión de estar hundiéndonos. Pero, de momento no puedo hacer nada.

¿Donde estás? ¿Seguirás dando vueltas como Alicia o shihiro? ¿Puedo acompañarte a caminar en esos caminos desagradables que ocultan las pesadillas?. Pues ten presente, esta vida suele comportarse en ocasiones como una muy fea pesadilla. Podríamos despertar y enfrentar riesgos igualmente extraños:
1. Quizás solo tú y yo existimos y el cielo es vainilla por las mañanas.

2. Quizás yo era la pesadilla y esta carta es una fantasía.

3. Quizás ninguno de los dos somos reales y somos un sueño de un mendigo.

O, 4. Quizás (y solo si la naturaleza nos ayuda), podríamos estar más cerca de lo que pensamos, tú quizás pudieras sonreír al pensar en quien te ha escrito estas líneas. Es una posibilidad mi querida amiga.

Mis buenos deseos para ti. Recuerda, aquí estoy.

miércoles, 4 de febrero de 2009

Carta a una amiga desconocida

Querida amiga,
He sentido inmensos deseos de escribirte desde ayer, creo que es por estar haciendo nada y observando demasiado. Los días en Valledupar son calurosos, en ocasiones desesperantes, las tardes son más agradables pero las personas son mas quietas. Esta región es costa y totalmente ecuatorial, los colores son festivos, la brisa te golpea y despeina. Parece un buen lugar para vivir, pero las personas intentan andar sin darse cuenta de nada, disimulan sus miedos y frustraciones, algo como: “Quédate callado, ya todo acabará”. ¿Serán todos iguales? ¿A qué tienen miedo?


Es siempre lo mismo, lo he notado, te lo puedo asegurar. Desde el hombre que limpia vidrios, hasta el que se ve muy ocupado con portafolio y blackBerry en mano. Esto no es Praga, no es Orán y no tienes ante ti un Camus que te hable de ella, así que dejo este tema de lado, al menos de momento.

Aún sigo en vacaciones, tengo suficiente tiempo para ir por las tardes a la biblioteca de la 9 y 16, paso allí un par de horas caminando entre estanterías, descubriendo libros y autores que al instante me parecen fabulosos pero que luego abandono a su suerte o a un buen lector (mi tarjeta se ha vencido y no he pagado el costo por mantenerla activa este año). También, como ayer, suelo ir por secciones menos exóticas y tomo libros de ingeniería o psiquiatría. Salgo de allí, camino unas cuantas cuadras y me siento en el mismo café de siempre. Una mujer morena, de ojos castaños pregunta mecánicamente qué quiero, en pocos minutos ahí está mi café. Es el de siempre, sencillo con una de azúcar.


Cae la noche y me dispongo regresar. No sé de que extraña mezcla está hecho mi corazón querida amiga, suelo arrancarlo, entregarlo, y este en minutos está listo para la misma operación. Por ejemplo, me enamoré de la mujer que lucía sus cabellos negros, largos y sueltos sobre el Mercedes-Benz plateado que frenó en el semáforo cuando yo cruzaba la calle, aunque luego, la mujer de la venta de bisuterías me cautivó profundamente. Llego a casa, me tiro en el sofá, dejo que suene la música, quizás algo fito, U2 o Led zeppelín y sin darme cuenta me quedo dormido.

Espero, tu suerte y la mía se crucen por allí. Pueda mirarte de frente y tú hagas lo mismo. No tengo mas para decir hoy o si tengo pero no deseo hacerte el cuento muy largo. Ten un buen día.

Siempre tuyo,
Yo.