miércoles, 18 de abril de 2018
miércoles, 11 de junio de 2014
El color de los días (Walkie talkies)
miércoles, 30 de junio de 2010
A una amiga desconocida (Destino: Isidora)

lunes, 15 de junio de 2009
Destino: No importa (A una amiga desconocida)
Ya el café no es tan bueno, camino poco así como igual escribo. De la ciudad, pues el cielo toma un aspecto plomizo y te podría parecer tonto pero me pone melancólico. Los días son los mismos mi querida amiga, somos demasiado egocéntricos al querer medir el tiempo, cosa tan imprecisa y prejuiciosa.
¿Sabes? creo que te he visto por ahí mientras soñaba, ahora no puedo precisar si fue en una siesta o en un amanecer mientras me preparaba para seguir siendo el mismo que mira el ventilador y cierra los ojos. Me despierto en ocasiones y escribo cosas sin mucho sentido que quizás en algún momento podamos leer juntos, talvez, tú te rías y yo te pida que no lo hagas entre carcajadas. Reírnos de mis estupideces y mirarte a los ojos para luego bajar el rostro sin tener razón.
Me pregunto si la magia existe. Y si las canciones de amor y el mismo amor son una burla de nuestros sentidos en contra de nuestros delirios, si el caso en que no sabemos nada de nada y por tanto lanzamos balbuceos que traducen nuestra desesperación. Sentirse solo querida amiga, y más que solo, aislado. A veces (más de las que me gusta admitir) me siento así. Siento la presión de estar hundiéndonos. Pero, de momento no puedo hacer nada.
1. Quizás solo tú y yo existimos y el cielo es vainilla por las mañanas.
2. Quizás yo era la pesadilla y esta carta es una fantasía.
3. Quizás ninguno de los dos somos reales y somos un sueño de un mendigo.
O, 4. Quizás (y solo si la naturaleza nos ayuda), podríamos estar más cerca de lo que pensamos, tú quizás pudieras sonreír al pensar en quien te ha escrito estas líneas. Es una posibilidad mi querida amiga.
Mis buenos deseos para ti. Recuerda, aquí estoy.
miércoles, 4 de febrero de 2009
Carta a una amiga desconocida
He sentido inmensos deseos de escribirte desde ayer, creo que es por estar haciendo nada y observando demasiado. Los días en Valledupar son calurosos, en ocasiones desesperantes, las tardes son más agradables pero las personas son mas quietas. Esta región es costa y totalmente ecuatorial, los colores son festivos, la brisa te golpea y despeina. Parece un buen lugar para vivir, pero las personas intentan andar sin darse cuenta de nada, disimulan sus miedos y frustraciones, algo como: “Quédate callado, ya todo acabará”. ¿Serán todos iguales? ¿A qué tienen miedo?
Es siempre lo mismo, lo he notado, te lo puedo asegurar. Desde el hombre que limpia vidrios, hasta el que se ve muy ocupado con portafolio y blackBerry en mano. Esto no es Praga, no es Orán y no tienes ante ti un Camus que te hable de ella, así que dejo este tema de lado, al menos de momento.
Aún sigo en vacaciones, tengo suficiente tiempo para ir por las tardes a la biblioteca de la 9 y 16, paso allí un par de horas caminando entre estanterías, descubriendo libros y autores que al instante me parecen fabulosos pero que luego abandono a su suerte o a un buen lector (mi tarjeta se ha vencido y no he pagado el costo por mantenerla activa este año). También, como ayer, suelo ir por secciones menos exóticas y tomo libros de ingeniería o psiquiatría. Salgo de allí, camino unas cuantas cuadras y me siento en el mismo café de siempre. Una mujer morena, de ojos castaños pregunta mecánicamente qué quiero, en pocos minutos ahí está mi café. Es el de siempre, sencillo con una de azúcar.
Cae la noche y me dispongo regresar. No sé de que extraña mezcla está hecho mi corazón querida amiga, suelo arrancarlo, entregarlo, y este en minutos está listo para la misma operación. Por ejemplo, me enamoré de la mujer que lucía sus cabellos negros, largos y sueltos sobre el Mercedes-Benz plateado que frenó en el semáforo cuando yo cruzaba la calle, aunque luego, la mujer de la venta de bisuterías me cautivó profundamente. Llego a casa, me tiro en el sofá, dejo que suene la música, quizás algo fito, U2 o Led zeppelín y sin darme cuenta me quedo dormido.
Espero, tu suerte y la mía se crucen por allí. Pueda mirarte de frente y tú hagas lo mismo. No tengo mas para decir hoy o si tengo pero no deseo hacerte el cuento muy largo. Ten un buen día.
Siempre tuyo,
Yo.

