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viernes, 22 de marzo de 2019

Más que polvo

Llevo una camiseta azul en la que se lee Free en la parte superior. En la parte inferior está escrito otro texto que no se alcanza a ver pero que de seguro va sobre vivir la vida al máximo y nos invita a pensar que somos el centro de todo y que estamos hechos de polvo de estrellas. Al fondo, unos metros por debajo, está una calle repleta de gente indiferente que va de un lado a otro con la vista fija en quién sabe qué, y de muchas putas venidas de todos los rincones del mundo para ofrecer sus sexos a turistas y a desesperados. En la ciudad debe haber alguna celebración importante porque no muy lejos se nota el brillo del estallido de fuegos artificiales y se siente, apenas un poco, la onda que hace vibrar la mesa. Presionas el botón de la cámara y ahora me convierto en recuerdo, en lo que veré, verás, y tiempo después no sabremos de qué iba esta conversación ni la razón por la que en esa fotografía me veo enarcando un poco los labios como si se me hiciera difícil sonreír o a punto de decir algo más o menos trascendental. Del otro lado estás tú, nena, observas al yo de la pantalla y pareces satisfecha, tomas un trago de tu cerveza al tiempo que una anciana nos interrumpe, nos ofrece una caja de chicles pero la despides sin contemplación. Estamos en un lugar en el que no deben estar ni ancianos ni niños ni gente con muchas esperanzas aunque sí hay parejas en la pista de baile y parecen felices, créeme que lo parecen. Bajamos a la calle y la brisa nos da de frente. Caminamos de regreso a nuestro cuartucho de hotel y al adentrarnos en las calles nos hacemos parte del caldo de la noche. Una puta nos sonríe y pasa de largo, se imagina, me imagino, a ella misma en una noche de brisa fresca tomada de la mano de alguien, enamorada y sin los ajetreos de los reflectores. La calle bulle de olores y colores y no faltará mucho tiempo para que vuelvas sobre la fotografía y decidas no descartarla intentando evitar que el recuerdo se haga más recuerdo y tiempo y olvido, esperando, deseando que seamos más que polvo.

Imagen: Mad Dog Jones

miércoles, 28 de noviembre de 2018

Los días oscuros


Había algo en las ficciones distópicas que siempre, a mi modo de ver, parecía no cuadrar. Por lo general en este tipo de historias, un hecho ocurrido en un pasado reciente rompe la línea temporal que conocemos y, de ahí en adelante, el presente se convierte en un caldo de cultivo para gobiernos tiránicos, altas dosis de represión, pueblos silenciosos y días oscuros que resquebrajan el alma. Una atmósfera idéntica a la que se respira en la serie original de Hulu The Handmaid's Tale que vi casi de un tirón hace apenas unos días. Pero, luego de cada episodio, quería pensar que algo así sería imposible debido a que, como en todas estas ficciones, transcurre muy poco tiempo entre los eventos contados y los que desencadenan la narración. En la ficción, basada en una novela homónima de Margaret Atwood de 1985, hay un cambio en el sistema de gobierno y luego, lo que se supone que es una democracia saludable, se convierte sin apuros en un régimen teocrático totalitario que utiliza a sus ciudadanos, especialmente a las mujeres, como simples objetos para fines aparentemente superiores, y de ñapa, todo ello bajo la excusa de la defensa de la moral, las buenas costumbres y la religión. La cuestión, y de allí venía mi malestar, es que en la serie de Hulu el cambio de un sistema a otro se da en muy pocos años, tanto que los protagonistas notan esos cambios y a pesar de ello parecen desinteresados en el asunto. Así que ¿cómo un grupo político o religioso lograría cambiar el sistema de pensamientos de toda una sociedad en tan poco tiempo? Visto así, en blanco y negro, The Handmaid's Tale es completamente inverosímil. Sin embargo, la realidad lanza un ladrillo y, como siempre, atina en mi cabeza. Apenas salgo a la calle veo una gigantesca valla publicitaria, pagada por el gobierno municipal, que reza: "La familia es lo primero". Los engranajes de dentro de mi cabeza, aún desajustados por el golpe, chirrían y allí mismo recuerdo que los partidarios del NO en el plebiscito sobre los acuerdos de paz de Colombia en 2016 eran principalmente pastores-políticos evangélicos que aducían que los acuerdos incluían "ideología de género" y decretos homosexualizadores que destruirían la infancia y la educación. El NO ganó el plebiscito y con el mismo impulso se conformó el nuevo gobierno. Ahora es normal ver en las noticias que desde el Senado se promueva la creación de un Ministerio de la Familia al tiempo que se decreta el decomiso de cualquier dosis personal de droga para, según sus promotores, "repeler a los jíbaros que quieren acabar con la infancia". Y si por aquí llueve, en casa de los vecinos no escampa. Brasil eligió un presidente de derecha, controversial por decir lo menos, que curiosamente realizó su primer acto público, luego de ganar la presidencia, en una iglesia cristiana. Y claro, la bancada evangélica ya solicita la eliminación de los ministerios de cultura, ciencia y tecnología además de promover, igual que acá, el Ministerio de la Familia. Lo dicho: tiempos oscuros que humedecen los huesos y los sueños y, a pesar de todo, a la gente le interesa muy poco el asunto.
*No está de más decir que The Handmaid's Tale es un serie exquisita desde donde se le mire y que ya se ha anunciado una tercera temporada para el próximo año. Así que échale un ojo a las dos temporadas disponibles. Por otra parte, Si te han quedado ánimos, puedes comentar esta entrada y hasta compartirla. Nos seguimos leyendo.

sábado, 5 de mayo de 2018

Los recomendados de Philip K. Dick en el cine

Quien me conoce o se ha paseado por este blog, sabe de sobra de mi debilidad declarada por la obra de Philip K. Dick. Es muy fácil sentir apego por una obra que nos ha dado tanto a los amantes de la ciencia ficción sin que muchas veces nos demos por enterados. Y no es un deslumbramiento idealizado de un autor, sino la construcción a punta de años de lecturas y visionados en versiones que si bien se han alejado de sus originales, siguen guardando el espíritu rebelde y paranoico del autor.

Esta brevísima lista (la filmografía que incluye obras de este autor es muy amplia) está conformada por esas novelas y cuentos de Dick que han sido llevadas al cine y que nosotros vimos en la T.V. sin saber de dónde venían, pues Philip Dick es más que la versión de '¿Sueñan los androides con ovejas eléctricas?' llevada al cine por Ridley Scott. Así que esta lista, subjetiva por mucho, constituye un pequeño viaje a las obras que me inspiraron a escribir lo que escribo. No intenté ordenar de mejor a peor ni nada parecido, solo ordenadas por estricto orden de aparición en cartelera.

miércoles, 11 de abril de 2018

Solitarios corazones (en días cyberpunk)

Hemos aceptado, en medio del desconcierto, que somos una generación solitaria. Lo que antes pensábamos nos daría paz y nos convertiría en una aldea global terminó aislándonos y nuestros sueños, como los de las generaciones pasadas, también se fueron por la alcantarilla. La edad de oro de la ciencia ficción imaginó la salvación en estos avances de la ciencia, en una visión benigna del futuro que ofrecía grandes dosis de esperanza. En la serie de los robots de Isaac Asimov, por ejemplo, los androides estaban equipados con cerebros positrónicos, capacidades superiores a las de cualquier humano y regidos por leyes simples que ordenaban sus acciones y por tanto los hacían libres de la indecisión que a nosotros nos pesa. Los robots eran dedicados a resolver problemas complejos, a colonizar planetas y preparar el terreno para los humanos, pura felicidad. Y en el peor de los casos, cuando aparecía un atisbo de humanidad en ellos, eran desechados o descartados como en el cuento 'El asesino' de Stephen King en el que un pobre androide despierta sin conocer su lugar en el mundo y al intentar averiguar qué pasa, es borrado del mapa. Solo tipos como Philip K. Dick (creador de '¿Sueñan los androides con ovejas eléctricas?' que luego sería llevada genialmente al cine por Ridley Scott bajo el título de Blade Runner), William Gibson y su combo notaron que la cotidianidad arropada por la ciencia ficción sería mucho menos utópica de lo que esperaban los clásicos. Y sí, los usos para los androides serían también más humanos y primarios. Esta generación que pide desesperadamente algo de compañía en un afán por no descubrirse sola, ha tomado la ciencia ficción y la ha convertido en bizarra cotidianidad. Los japoneses, que son los primeros en probarlo todo, han sido pioneros en la distribución de androides de compañía (léase juguetes sexuales) que ya pueden conversar, responden al tacto y además, simulan orgasmos. No sé si da más miedo el sonido que producen los movimientos en las articulaciones de estos androides o la negativa de los compradores por buscar compañía humana, ahora cuando todavía se puede. Bienvenidos al presente.


No olviden comentar y compartir esta entrada. Eso me gustaría muchísimo.

P.D.: Dos de mis cuentos de robots, que vienen muy bien con el tema, fueron publicados hace algunos años en varias antologías y recogidos en el blog Grupo Jauría. Por si les apetece, aquí les dejo los enlaces: X-200W y Manual para armar a Cecilia.
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miércoles, 4 de abril de 2018

Diario de un procrastinador: Soñar como Lenny Nero

Desde la cómoda posición de mi sofá veo la intermitencia del cursor en la pantalla. Desde hace algún rato decidí sentarme a escribir pero aún no logro las palabras correctas en mi mente, porque primero van en la cabeza y luego en la pantalla, pues lo que no se tiene en la cabeza no se tiene en ninguna otra parte. Ya es tarde en la noche pero no me levanto a escribir a sabiendas de que si lo pospongo apenas unos minutos más, las letras de hoy quedarán para mañana o para quién sabe cuándo. De momento, me creo Lenny Nero buscando recuerdos medio olvidados o intentando, simplemente, pasar el rato. Me convencí de escribir ciencia ficción desde que vi las primeras escenas de 'Días extraños'. Eso que estaba en la pantalla lo quería para mí. Cada fibra, cada momento. No sabía yo que todo eso necesitaba una alta dosis de talento y otras cosas más, pero lo quería. Con Lenny aprendí qué eran los antihéroes antes de saber algo de antihéroes, encontré allí la hermosa y caótica estética cyberpunk tan lejana del polvo de mis recuerdos de adolescencia. Lenny Nero era el tipo duro que intentaba salvar a la chica en medio del apocalípsis del fin de año, del temido 2000. En ese momento supe que quería 'protas' que fueran duros, que salvaran a sus chicas, y bien si llevaban cables conectados al cuerpo, mejor si eran hackers desarrapados y muchísimo mejor si habitaban en la neblinosa zona de lo incorrecto. Y así lo intento, cuando puedo escribo y golpeo fuerte el teclado, aunque siempre exista una idea que va volando azarosamente en mi cabeza y me distraiga, como si reviviera un recuerdo implantado. Las distopías del cine han cambiado desde que vi a un expolicía venido a menos intentar salvar a la chica, pero las personas y las emociones son las mismas. En Días extraños los dealers negociaban clips, unos pequeños discos con recuerdos y emociones en primera persona que hacían felices a los desposeídos, a los adictos. Hoy la gente se saca fotos para Instagram y recibe likes. Nada ha cambiado.
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Tengo ya, en modo de borrador fumable, mi novelita cyberpunk. Ese proyecto que por años durmió el sueño de los justos. Las primeras líneas las puse en un blog por allá en 2011 y apenas hoy lo veo resuelto. Pero sí, para quien la recuerde, Desde el infierno, con amor ya está lista.

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Imagen: Vía ÁreaVisual

martes, 20 de marzo de 2018

Nuestro espíritu tibio

¿Existe acaso el espíritu de las naciones? ¿Existe una forma particular de ser nosotros? Quiero creer que no, que no existe una red invisible que nos une y nos hermana por el simple hecho de compartir el mismo espacio, el mismo aire. La cuestión es que si sí hay una forma particular de ser lo que somos, estamos casi en el fondo del charco y sin posibilidades de salida. Nuestras derrotas están siempre marcadas por un brillo de ingenuidad, por un anhelo de gloria, de un «casi» eterno, de una palmada en el hombro o de un triste y melancólico «la próxima será». Por otra parte, nuestras victorias son siempre pírricas o están cubiertas por un manto de duda o deshonestidad. Si tenemos una forma común de ser lo que somos es entonces la de un espíritu tibio y  desagradable de cualquier modo. Estamos, de alguna manera, condenados a la ambigüedad y al desconcierto. Y ni en ninguno de nuestros momentos, de nuestros mejores momentos, hemos sido capaces de tomar una posición clara, una posición propia. Estamos siempre dispuestos a pensar de oídas como si viviéramos en cueva oscura de la que nunca hemos salido y por tanto, no hemos visto el brillo del día que nos espera afuera. Una lástima. 
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Estoy escribiendo a buen ritmo, casi todos los días, varias horas por las noches. En breve, de seguir así, tendré completo Desde el infierno, con amor. Sí, ese proyecto cyberpunk que comenzó como una blognovela y que dejé tirado a mitad de camino por mucho tiempo. La cosa va así: un pequeño proyecto del que publiqué nueve entradas, nueve capítulos muy cortos y que esperaba concluir al llegar al número catorce. Hoy esos catorce capítulos consiguieron convertirse en veinte que publicaré en un solo volumen a finales de abril. Al menos ese es el plan. Ya veremos qué pasa.

Nos seguimos leyendo.
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Imagen: Vía Sanat Karavanı