Nena, ya lo ves, soy cada vez más mediocre y me aturden, con cierta indolencia disimulada, el color de los días y el pitido de los carros. Con cada momento que pasa me convierto un poco más en un ser que va por ahí arrastrando los pies. Nena, no soy James Dean, aquí no hay nada de Rebeldes sin causa. Intentaba, desde hace mucho, escribirte una de estas conversaciones-muy-estilo-libre pero, estaba ocupado en nada, viendo pasar los carros y la fila que hacen las hormigas, de esas anaranjadas, desde mi cubículo. Debe ser que extraño verte pasar con mi camiseta del Ché o de Jim Morrison. Verte ir de un lado a otro, saltar de la cama, semidesnuda, moviendo el trasero y escuchar tu risa revotar contra los vidrios de la ventana. Alguna vez me dijiste que la gente sola, la que decide estar sola, no tiene esos problemas. Debe ser mucho más fácil, al menos confunden sus soledades con la coherencia de sus eructos. Ahora, me cuesta concentrarme en las palabras, y la cosa es que las palabras son engañosas, crueles y a veces, no son suficientes. Entonces ocurre que las palabras se me atrancan en la nuca y quizá tú, desde tu lugar del mundo, terminarás diciéndote que te digo las cosas, de una mejor forma, cuando estamos juntos en tus sueños o desde los deseos de que hable cosas razonables. Es un lío que me acompaña desde siempre. Y tu tiempo, el que suelo malgastar en esto, se ahoga en la sed de los vasos vacíos. Debería ser más sencillo, como un simple juego con walkie talkies. Decir "cambio", descansar y poder pensar las próximas palabras, las próximas respuestas. Aunque si así fuera, tampoco me alcanzaría el tiempo. Entonces tú, desde tu lugar del mundo, aguardarías durante largos silencios por la frase adecuada y te quedaría tiempo suficiente para pensar en colgar o en apagar el aparato. Nena, este día es gris y apenas estoy pensando en escribirte una conversación-muy-a-mi-estilo-libre-que-me-deje-pasarte-un-poco-de-mi-aliento. Escribirte niña mía, para liberar un poco las agujas del reloj, para saberte cerca, al menos, en la tinta del lapicero, en el tic/tac del cursor. No hay música. No hay Regina Spektor que me adormezca. No hay un temazo de Billy Joel para la mañana. No hay luz, y eso que por aquí, la luz de la mañana, se apura en salir. Tal vez en algún momento después, pueda escribirte algo decente.
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miércoles, 11 de junio de 2014
miércoles, 29 de agosto de 2012
Los rockstars no presionan delete
miércoles, agosto 29, 2012
Miguel Barrios Payares
james dean, mangadelvalle, pensando, rockstars, Van Morrison, western
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He vuelto a escribir. El piso está frío como el hielo, y eso es particularmente raro por aquí, no parece gran cosa, no es como descubrir una isla perdida o tener un buen día de trabajo solo que al menos el piso está frío y mis pies descalzos saben que algo no debe andar bien en el mundo. Quería escribir un montón de cosas impresionantes pero, al final de un rato, todo parecía porquería de palomas así que mantuve presionado delete hasta que todo lo que parecía significar algo no fue más que espacio blanco en la pantalla, algo más tranquilo, más puro. La escritura se convierte en puñados de soledades, en puñados de confesiones impersonales para los momentos más duros, todo lo demás si no es así, todo lo que reste es basura pegada en el techo. Por eso es que hay tipos que se vuelven locos y se bañan en las fuentes de los parques. Una vez conocí un tipo que se intoxicaba de calles, escribía poemas y los regalaba a putas viejas, al final, decidió por su propio bien, largarse a otra parte sin rumbo fijo, como un animal apaleado, triste y adolorido que recorre las avenidas. Pero, no es eso a lo que me refería, es que mis conversaciones estilo libre no son lo que solían ser, porque cada retazo de pensamiento no es otra cosa que una buena patada en el culo que se extingue al instante. Como ver un western y saber que el malo huele a muerte desde el primer fotograma. Cariño mío, ya te he dicho, no tengo esa mirada James Dean que tanto podría gustarte, no tengo un descapotable ni recorro bonitas carreteras interestatales por el placer de sentir el sol en la cara y al viento desordenarme el pelo, no escribo canciones de amor para sentirme mejor, no entono esos estribillos delicados que hablan del crazy love, no soy Van Morrison, no soy un rockstar, en conclusión. Solo soy un chico de pueblo con insomnio. Solo tengo miedos para ti y una lata de cerveza en la nevera. Y quizá, muy a tu pesar, ya ni siquiera quede la lata de cerveza.
Imagen: Nadador
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