He configurado el equipo donde ahora tecleo estas palabras con el único objetivo de escribir mis ficciones. Es un equipo viejo que viene de descarte por mi esposa. Ella lo tira y yo lo tomo a modo de máquina de escribir. ¿Una máquina? Imagino que esa es una forma de sentirme rebelde. Y sí, pero es una forma muy anodina. Me gusta esa palabra, pues suena fácil: ANODINA. La cosa es que he tenido meses sin escribir algo decente (esto no es un intento de algo decente) por lo que decido escribir a la antigua y entonces tomo esta carcacha y le instalo la distro de Linux más liviana que encuentro y con ello instalo el procesador de texto más sencillo que encuentro y listo. Es un procesador sin menús ni distracciones adicionales. Solo un cursor palpitante (eso sí, con sonido de máquina de escribir al teclear para que se sienta de la vieja escuela, pantalla negra y las letras en verde neón. RIDÍCULO). La cuestión es que aun así es difícil que las cosas salgan con facilidad porque los pensamientos se atoran y el ruido en mi cabeza crece y crece. Sería más fácil si tuviera tiempo suficiente, pero no. Es que no soy Cleón I, emperador del imperio galáctico con mi clon perfectamente diseñado para cada etapa crucial de mi vida. Cuando leía la saga Fundación de Isaac Asimov me embriagaba de felicidad al encontrar un universo tan rico, tan basto y me asombraba que una misma persona pudiera escribir con tal nivel de dedicación y en tal cantidad. Esa forma de escribir era una meta inalcanzable pero siempre deseable para escritores noveles que como yo queríamos inundar las páginas con ciencia ficción. Ahora que Fundación (Apple TV+) llegó a la pantalla, no estoy seguro si las cosas salieron tal como lo esperaban los lectores (en los libros el asunto de Cleón no va por ahí y ningún personaje sobrevive más allá de lo humanamente posible). Pero algo sí es seguro, la serie contiene imágenes más grande que la vida misma y eso posibilita que nos creamos que sí existe un imperio que abarca todo lo ancho (?) de la galaxia. La serie no es fiel a los libros, está claro, pero han encontrado las formas precisas de anclar con hilos muy finos una historia inabarcable para la televisión y eso sí que emociona. Me gusta cuando alguien trata con tanto mimo su creación y se arriesga a no entrar en las dinámicas de la sobrecarga de la información, de la acción antes que la contemplación, de la brevedad de los planos y el ruido antes que el silencio. Será por eso que cuesta tanto concentrarse. Será por tanto ruido adentro y afuera. Mientras, el cursor palpita en el mismo verde neón y el sonido artificial de los tipos contra el papel (también artificial) tarda más en llegar. Sigo sentado y espero a que las ideas fluyan. Algo así como procrastinar como un ganador.
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viernes, 19 de agosto de 2022
miércoles, 25 de marzo de 2020
Cuando la ficción nos alcanza: decisiones gubernamentales y La criba de Isaac Asimov
miércoles, marzo 25, 2020
Miguel Barrios Payares
asimov, coronavirus, Distopías, Isaac Asimov, Valledupar
6 comments
Las calles permanecen solitarias y silenciosas, aunque a veces se cuela el sonido de algún vallenato por la ventana. Apenas el fin de semana pasado se decretó una cuarentena nacional y todo el mundo se pregunta por qué solo hasta ahora se tomó esa decisión, si ya desde hacía un buen tiempo algunas voces alertaban de la urgencia de una medida como esta. Tal vez, solo tal vez, la razón tenga un poco que ver con que han entendido que un virus puede tocar a la puerta de quien sea, sin importar si se es presidente o no.
El curioso caso empezó así: hace unos pocos días se supo que un alcalde, que estuvo en contacto con el presidente, dio positivo por coronavirus. Al instante aparecieron sendas fotos del par en cuestión dándose abrazos y hablándose como amigos cercanos. De inmediato se prendieron las alarmas. El secretismo era absoluto pero algunos sabían que el asunto olía muy mal. De lejos se podía entrever el ambiente y las conversaciones en el palacio presidencial: algunos hablando de costado y cubriéndose los labios con las manos, uno que otro ministro sacándole el cuerpo al presidente, el presidente llorando solo en el baño durante largo rato. Todos con caras de circunstancias. Entonces sí, medidas gubernamentales que dividen al país. Pues aquí la cuestión no es solo mantenerse aislado, sino sobrevivir ese aislamiento. Nadie puede mantenerse en casa y a salvo si no tiene con qué comer. Y esto no es nada que no se nos haya contado en múltiples ficciones, así que estábamos avisados. En el cuento La criba de Isaac Asimov, publicado en el 1976 e incluido en el conjunto de cuentos El hombre bicentenario, se nos muestra un año 2005 con crisis de superpoblación, casi vencido por la hambruna y donde la lucha por la supervivencia de la humanidad la deciden los gobiernos, como ahora. Y solo dos bandos: los que pueden permitirse comer bien y los que están a punto de arrebatarte la comida de las manos, también como ahora.
En La criba, Aaron Rodman es un científico que ha descubierto una lipoproteína capaz de abrir o cerrar membranas celulares según la composición bioquímica de cada individuo. Esto es, como lo hace saber el narrador, la mayor bendición para la salud humana desde que Pasteur elaboró la teoría de los gérmenes. Ante tamaño descubrimiento, el Gobierno primero le pide que no siga divulgando lo que sabe, luego lo toma prisionero y al final, le presiona para que utilice su descubrimiento como 'triaje' (palabreja que hemos comenzado a escuchar con mucha frecuencia en las noticias) entre los hambrientos del mundo. Y ahí el dilema: ¿matar (dejar morir) miles para salvar millones? También en Watchmen de Alan Moore se presenta una variante del dilema del tranvía: Ozymandias, por cuenta propia, decide sacrificar a millones de neoyorquinos con el fin de unir a las naciones y evitar una aniquilación vía guerra nuclear. En La criba, Rodman se niega a la solicitud de sus captores, pues entiende que su descubrimiento debería servir para entender el funcionamiento de la vida y no como un veneno, pero al mismo tiempo es amenazado por el presidente de la Organización Mundial de la Alimentación con quitar los bonos que garantizan la supervivencia de su familia. Igual, la vida de unos por la de otros.
En este cuento, como en la mayoría de los escritos por Asimov, hay vuelta de tuerca. Léanlo y comprobarán el tremendo final. Las distopías, por oscuras que parezcan, siempre brindan una luz de esperanza, a veces pequeña, a veces casi invisible, pero siempre presente. De momento nuestro futuro parece bastante oscuro, pero también aguardamos, como lectores voraces, la vuelta de tuerca, esa luz al final del túnel.
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Quisiera escribir sobre otras cosas pero este tema ha ocupado mis pensamientos casi por completo. jueves, 26 de abril de 2018
Fundación: el Imperio Galáctico nos saluda
Los sueños le llevan mucha ventaja a nuestras manos. Sucede a veces que la imaginación es tan poderosa, que las ideas burbujeantes en la mente necesitan años para convertirse en imágenes. A veces solo basta con pinceladas de palabras en los libros, pero a veces no es suficiente. Hace unos días me encontré con la noticia de que Apple invertirá en contenido propio de lo que será su apuesta por morder una tajada de la transmisión por streaming, y lo intentará en grande. Tiene asignado, para este año, la nada despreciable suma de mil millones de dólares. ¿Y el proyecto estrella? pues 'Fundación' de Isaac Asimov. Hace unos años ya la Warner Bros., Sony Pictures y la ahora omnipotente HBO se hicieron con los derechos de esta saga de libros pero abandonaron el barco al notarse sobrepasados por los requerimientos técnicos necesarios para llevarla a buen puerto. ¿Cómo podrían, hace unos años, construir un universo de ciencia ficción tan grande, con tantos personajes y con tantos saltos temporales? Solo hasta la llegada de series como Game of Thrones eso se creía imposible, y sin embargo, como yo lo veo, el universo creado por Asimov es mucho más ambicioso que el construido por George R. R. Martin. Lo bueno es que ahora estamos en una edad de oro para las producciones seriadas donde lo que se sueña es enteramente posible, donde los presupuestos son astronómicos y el público es global. Una serie como Fundación podría ser, de hacerse bien, el inicio de una nueva forma de ver la ciencia ficción en una pantalla. Imagino que Fundación se vería algo así como Altered Carbon (ese monstruo creado por Netflix y en el que luego nos detendremos con la calma necesaria) mezclada con lo mejor de la Star Trek de J.J. Abrams pero con siglos de continuidad en la historia. Ya veremos cómo, desde lo lejos, el Imperio Galáctico nos saluda.
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Imagen: Ciudad
miércoles, 11 de abril de 2018
Solitarios corazones (en días cyberpunk)
miércoles, abril 11, 2018
Miguel Barrios Payares
asimov, Blade Runner, Cyberpunk, Grupo Jauría, Isaac Asimov, Philip K. Dick, Ridley Scott, Stephen King, William Gibson
7 comments
Hemos aceptado, en medio del desconcierto, que somos una generación solitaria. Lo que antes pensábamos nos daría paz y nos convertiría en una aldea global terminó aislándonos y nuestros sueños, como los de las generaciones pasadas, también se fueron por la alcantarilla. La edad de oro de la ciencia ficción imaginó la salvación en estos avances de la ciencia, en una visión benigna del futuro que ofrecía grandes dosis de esperanza. En la serie de los robots de Isaac Asimov, por ejemplo, los androides estaban equipados con cerebros positrónicos, capacidades superiores a las de cualquier humano y regidos por leyes simples que ordenaban sus acciones y por tanto los hacían libres de la indecisión que a nosotros nos pesa. Los robots eran dedicados a resolver problemas complejos, a colonizar planetas y preparar el terreno para los humanos, pura felicidad. Y en el peor de los casos, cuando aparecía un atisbo de humanidad en ellos, eran desechados o descartados como en el cuento 'El asesino' de Stephen King en el que un pobre androide despierta sin conocer su lugar en el mundo y al intentar averiguar qué pasa, es borrado del mapa. Solo tipos como Philip K. Dick (creador de '¿Sueñan los androides con ovejas eléctricas?' que luego sería llevada genialmente al cine por Ridley Scott bajo el título de Blade Runner), William Gibson y su combo notaron que la cotidianidad arropada por la ciencia ficción sería mucho menos utópica de lo que esperaban los clásicos. Y sí, los usos para los androides serían también más humanos y primarios. Esta generación que pide desesperadamente algo de compañía en un afán por no descubrirse sola, ha tomado la ciencia ficción y la ha convertido en bizarra cotidianidad. Los japoneses, que son los primeros en probarlo todo, han sido pioneros en la distribución de androides de compañía (léase juguetes sexuales) que ya pueden conversar, responden al tacto y además, simulan orgasmos. No sé si da más miedo el sonido que producen los movimientos en las articulaciones de estos androides o la negativa de los compradores por buscar compañía humana, ahora cuando todavía se puede. Bienvenidos al presente.
No olviden comentar y compartir esta entrada. Eso me gustaría muchísimo.
P.D.: Dos de mis cuentos de robots, que vienen muy bien con el tema, fueron publicados hace algunos años en varias antologías y recogidos en el blog Grupo Jauría. Por si les apetece, aquí les dejo los enlaces: X-200W y Manual para armar a Cecilia.
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Imagen: Done with humanity por DecoySnake
lunes, 12 de febrero de 2007
La ciencia del futuro
Imaginen por un momento que alguien, cualquiera, puede controlar a las masas y regir los destinos de un planeta completo y traer a este la prosperidad o el caos. Estos son más o menos los alcances de la "psicohistoria", ¡sí! psicohistoria.
Ahora y quizás siempre sea pura y muy elaborada ciencia ficción; pero gastémosle unos minutos a estudiarla. A quien no la conozca, le haré un pequeño recuento, el que sí la conoce, sáltese este párrafo; la psicohistoria es de los temas centrales de la saga de Fundación de Isaac Asimov. Hary seldon, protagonista de la historia "Fundación" (primer libro de la saga) libra a su sociedad de peligros que llevarían al fin del imperio, que quede claro, imperio galáctico.
Iremos por partes:
La Psicohistoria está compuesta por matemáticas (estadísticas) y sociología. Estas son ciencias al total alcance de nuestras manos, lo que al menos nos haría suponer la posibilidad de llevar a cabo el desarrollo de una ciencia como esta. En los libros se muestra que es imposible calcular los actos de una persona a futuro y tener un margen aceptable de ganancias pero, aquí viene lo bueno, sí es posible conocer el comportamiento de grandes masas planetarias. Es algo así como el estudio de fluidos por medio de ecuaciones diferenciales.
En Preludio ( una de las partes de la saga) se muestra que la imposibilidad de establecer las leyes de la Psicohistoria era el gran tamaño del imperio galáctico, pues el tamaño del mismo proporcionaba muchos eventos fortuitos que desestabilizaban cualquier sistema de leyes que se formaran para el estudio, por tanto, el protagonista buscaba los indicios de un planeta que se comportara como su imperio, muchos mundos para establecer las leyes y no demasiados para salirse de control. Y lo encontró, ahí una bella metáfora, el planeta que buscaba era la tierra.
Me gusta pensar que si ya nosotros tenemos el planeta, tampoco tenemos esa imposibilidad, tenemos nuestro Trantor aquí mismo, pero al parecer a nadie se le ha ocurrido formular las leyes de la Psicohistoria. Les daré unas pocas pautas de las que yo he encontrado a medida que he avanzado en las obras de Asimov. Sabes, a partir de la inferencia en la lectura de los libros que Asimov consideraba muy posible la creación de una ciencia como la Psicohistoria. A lo largo de muchos de sus libros hace comentarios sueltos mostrando que quizás hasta él intentaba cimentar las bases de esta ciencia.
Iremos por partes:
La Psicohistoria está compuesta por matemáticas (estadísticas) y sociología. Estas son ciencias al total alcance de nuestras manos, lo que al menos nos haría suponer la posibilidad de llevar a cabo el desarrollo de una ciencia como esta. En los libros se muestra que es imposible calcular los actos de una persona a futuro y tener un margen aceptable de ganancias pero, aquí viene lo bueno, sí es posible conocer el comportamiento de grandes masas planetarias. Es algo así como el estudio de fluidos por medio de ecuaciones diferenciales.
En Preludio ( una de las partes de la saga) se muestra que la imposibilidad de establecer las leyes de la Psicohistoria era el gran tamaño del imperio galáctico, pues el tamaño del mismo proporcionaba muchos eventos fortuitos que desestabilizaban cualquier sistema de leyes que se formaran para el estudio, por tanto, el protagonista buscaba los indicios de un planeta que se comportara como su imperio, muchos mundos para establecer las leyes y no demasiados para salirse de control. Y lo encontró, ahí una bella metáfora, el planeta que buscaba era la tierra.
Me gusta pensar que si ya nosotros tenemos el planeta, tampoco tenemos esa imposibilidad, tenemos nuestro Trantor aquí mismo, pero al parecer a nadie se le ha ocurrido formular las leyes de la Psicohistoria. Les daré unas pocas pautas de las que yo he encontrado a medida que he avanzado en las obras de Asimov. Sabes, a partir de la inferencia en la lectura de los libros que Asimov consideraba muy posible la creación de una ciencia como la Psicohistoria. A lo largo de muchos de sus libros hace comentarios sueltos mostrando que quizás hasta él intentaba cimentar las bases de esta ciencia.
1) El estudio solo se hace posible con grandes masas de población.
2) Hay que tener presente que cada país, por ejemplo, aunque es independiente hace parte de un todo como las células del cuerpo.
3) Los actos individuales desestabilizan las predicciones (esto es considerado por otros autores de ciencia ficción como La ley general del caos).
4) Las masas no pueden conocer las predicciones pues intentarían cambiarlas y se enrrumbarían en otras direcciones.
¿Será que algún científico estará adivinando nuestros pasos como sociedad planetaria?
Nos vemos la próxima. Les recomiendo leer los libros de Asimov. Son buenos para el alma.
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Imagen: Philippe Gaulier
lunes, 22 de enero de 2007
Las fundaciones de Isaac Asimov

Hoy les hablaré de la saga 'Fundación' de Isaac Asimov (que ya murió para quien no sabía). El caso es que esta saga es de las mejores que puede leer alguien a quien le guste la ciencia ficción
El centro de la acción comienza en Trantor, la capital del imperio galáctico. Allí, como primer protagonista, andaremos con un profesor de matemáticas llamado Hary Seldon. Él está en pleno desarrollo de una nueva ciencia, pura y perfecta para el desarrollo de la trama: la Psicohistoria. La Psicohistoria es más o menos es una ciencia que estudia el comportamiento de las masas, masas planetarias, y con toda esta información lograr predecir el futuro. Así, tan simple como eso.
Los psicohistoriadores de del profesor Hary Seldon se asilan en un planeta medio desértico de las fronteras de la galaxia llamado Terminus, en donde se llevarán a cabo la mayoría de las batallas galácticas que se librarán a lo largo de los libros de la saga Fundación.
Es este un pequeño bosquejo de el primer libro de la saga de las fundaciones llamado "Fundación". Para quienes se animen, el orden de lectura es el siguiente:
1. Fundación.
2. Fundación e imperio.
3. La segunda fundación.
4. Los limites de la fundación.
5. Fundación y tierra.
6. Preludio a la fundación.
7. Hacia la fundación.
4. Los limites de la fundación.
5. Fundación y tierra.
6. Preludio a la fundación.
7. Hacia la fundación.
Es interesante como el maestro Asimov sigue el mismo hilo argumental a través de todas sus obras, incluyendo la saga de robots, la saga de imperios y demás historias, que por cierto no son pocas.
En una próxima hablaré de "Fundación e imperio", el segundo libro de esta importantísima saga de la ciencia ficción.
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