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martes, 30 de octubre de 2007

El disparo final de la vía láctea.


El título de esta entrada le da nombre a un bello poema del maestro colombiano "Raúl Gómez Jattin"Las cavilaciones de los mortales hechas explosiones místicas. Nada mejor para dejarlo por aquí e irme despacio, en puntas de pie. Aquí se los dejo. A ver que les parece:

En el cielo profundo de mis masturbaciones
ocupas ese ámbito de deseo irrefrenable y voraz
Inagotable y tierno que te devora el sexo
aunque tú no lo sepas Tu cuerpo habita el mío

Y es tan mío como no pudo serlo allá
en la realidad Es mío cuando yo te deseo
De esa misma manera impalpable y eterna
como este libro es tuyo Como yo soy de ti

Habitamos el ocho Doble infinito
de los dos universos El 8 de los círculos
El que parece dos astros hermanos y gemelos
El que parece dos ojos Dos culos cercanos
El que parece dos testículos besándose

Cuando llegas a mi cielo estoy desnudo
y te gustan las columnas de mis piernas
para reposar en ellas Y te asombra
mi centro con su ímpetu y su flor erecta
y mi caverna de Platón carnal y gnóstica
por donde te escapas hacia la otra vida

Y en ese cielo te entregas a ser lo que verdaderamente
eres Agresión de besos Colisión de espadas
Jadeo que se estrella como un mar contra mi pecho
Locura de tus ojos orientales alumbrando
la aurora del orgasmo mientras tus manos
se aferran a mi cuerpo Y me dices
lo que yo quiero y respiras tan hondo
como si estuvieras naciendo o muriendo
Mientras nuestros ríos de semen crecen
y nuestra carne tiembla y engatilla su placer
hacia el disparo final en la Vía Láctea

En las sábanas de nuestro cielo hay nubes
perfumadas de axilas y delicados residuos
el amor En la almohada el hueco
que tu cabeza ha dejado oloroso a jazmines
Y en mi alma y mi cuerpo el inmenso dolor
de saber que desprecias mi amor

Oh tú por quien mi vida renació
dentro la lumbre de la muerte.

Otros enlaces al mismo autor:

lunes, 6 de agosto de 2007

Mis avioncitos, de Jairo Anibal Niño

Qué bueno sería que todos pudiéramos encontrar un cielo y que sostengan nuestros avioncitos durante todo un recreo, una tarde, una caminada por la calle, una noche de lluvia. Aquí va este poema de el siempre genial Jairo Anibal Niño.

-¿Me haces un favor?
-Qué clase de favor?
¿Quieres tener mis avioncitos durante todo el recreo?
-¿!.....Durante todo el recreo....!?
-Sí, es que tú eres mi cielo.



De la Wikipedia:
Jairo Aníbal Niño (Moniquirá, 5 de septiembre de 1941-Bogotá, 30 de agosto de 2010)2​ fue un escritor Colombiano. Publicó obras de teatro, cuentos y libros de poemas. Uno de sus primeros pasos los dio como artista en el campo de la pintura, luego se dedicó a la dramaturgia. En el campo de las letras, su mayor contribución la hizo al género de la literatura infantil y juvenil a la que dedicó la mayoría de sus publicaciones y gran parte de su carrera como escritor.

miércoles, 11 de abril de 2007

la vida profunda

Porfirio barba jacob es un poeta colombiano de lo mejor que he escuchado, este poema es el que más me gusta, es que somos tan bolubles e inconstantes que ay no sé, ahí les dejo:

CANCIÓN DE LA VIDA PROFUNDA

Hay días en que somos tan móviles, tan móviles,
como las leves briznas al viento y al azar...

Tal vez bajo otro cielo la Gloria nos sonría...
La vida es clara, undívaga, y abierta como un mar...

Y hay días en que somos tan fértiles, tan fértiles,
como en Abril el campo, que tiembla de pasión;

bajo el influjo próvido de espirituales lluvias,
el alma está brotando florestas de ilusión.

Y hay días en que somos tan sórdidos, tan sórdidos,
como la entraña obscura de obscuro pedernal;

la noche nos sorprende, con sus profusas lámparas,
en rútilas monedas tasando el Bien y el Mal.

Y hay días en que somos tan plácidos, tan plácidos...
-¡niñez en el crepúsculo! ¡lagunas de zafir!-

que un verso, un trino, un monte, un pájaro que cruza,
¡y hasta las propias penas! nos hacen sonreír...

Y hay días en que somos tan lúbricos, tan lúbricos,
que nos depara en vano su carne la mujer;
tras de ceñir un talle y acariciar un seno,
la redondez de un fruto nos vuelve a estremecer.

Y hay días en que somos tan lúgubres, tan lúgubres,
como en las noches lúgubres el llanto del pinar:

el alma gime entonces bajo el dolor del mundo,
y acaso ni Dios mismo nos pueda consolar.

Mas hay también ¡oh Tierra! un día... un día... un día
en que levamos anclas para jamás volver;

un día en que discurren vientos ineluctables...
¡Un día en que ya nadie nos puede retener!

ah, visiten una buena pagina que encontre en honor a el :los-poetas.com