Este fin de semana el Ministerio de Salud confirmó, desde su perfil de Twitter, el primer caso de covid-19 en el país. En el comunicado se lee que "El país se prepara desde hace más de ocho semanas para enfrentar la llegada del nuevo coronavirus COVID-19". Hasta ahí todo muy bien. La viva imagen de un gobierno preocupado por el bienestar de los ciudadanos. Sin embargo, al echar la mirada a esas semanas a las que se refiere el comunicado, un viento helado me recorre la espalda. La cosa fue más o menos así. Primero, cuando el resto de los países procuraban sacar a los suyos de Wuhan, aquí la Cancillería contemplaba la posibilidad de rifar siete cupos entre catorce colombianos. Al final rectificaron pero ya el asunto no olía bien. Luego, se armó un innecesario show con avión de la Fuerza Aérea y todo, pero el famoso avión se quedó varado por varios días en Seúl. Lo más insólito fue que se eligió un centro deportivo para la cuarentena de los pasajeros y la tripulación al regresar al país. En Ensayo sobre la ceguera de José Saramago sucede algo más o menos similar. En la ficción, un gobierno aturdido ante una epidemia de ceguera que ataca sin previo aviso, decide recluir a los enfermos en un manicomio abandonado y no, como se esperaría, en un centro hospitalario donde se garantizarían estándares mínimos de salubridad. Los enfermos son llevados a fuerza de cañón y dejados allí a la buena de dios. Con el pasar de los días, llegan más enfermos y el lugar se convierte en un pequeño infierno. Aquí la situación no es ni de lejos tan dantesca, pero sí causa curiosidad que se escoja un lugar que a las claras no es apto para contener un virus que parece esparcirse con mucha facilidad. Y causa, ahora sí, un poco de miedo, que a la primera se desate el caos a causa de una tubería rota. Ahora que ya está confirmado el primer caso de covid-19 ¿qué seguirá?, ¿si hay muchos contagiados, dónde serán recluidos?, ¿serán llevados a ese mismo centro deportivo?, ¿serán dejados a su suerte por un sistema de salud colapsado desde el principio? En la ficción del portugués la epidemia de ceguera desaparece por sí sola luego de sacar a flote lo peor de la humanidad y de dejar devastada la ciudad. Aquí, al menos por ahora, el panorama es más que incierto. Ya el asunto no parece macondiano como suele suceder en este país, sino de ciencia ficción y distopías.
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Imagen: Blindness, 2008. IMDb
