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viernes, 22 de marzo de 2019

Más que polvo

Llevo una camiseta azul en la que se lee Free en la parte superior. En la parte inferior está escrito otro texto que no se alcanza a ver pero que de seguro va sobre vivir la vida al máximo y nos invita a pensar que somos el centro de todo y que estamos hechos de polvo de estrellas. Al fondo, unos metros por debajo, está una calle repleta de gente indiferente que va de un lado a otro con la vista fija en quién sabe qué, y de muchas putas venidas de todos los rincones del mundo para ofrecer sus sexos a turistas y a desesperados. En la ciudad debe haber alguna celebración importante porque no muy lejos se nota el brillo del estallido de fuegos artificiales y se siente, apenas un poco, la onda que hace vibrar la mesa. Presionas el botón de la cámara y ahora me convierto en recuerdo, en lo que veré, verás, y tiempo después no sabremos de qué iba esta conversación ni la razón por la que en esa fotografía me veo enarcando un poco los labios como si se me hiciera difícil sonreír o a punto de decir algo más o menos trascendental. Del otro lado estás tú, nena, observas al yo de la pantalla y pareces satisfecha, tomas un trago de tu cerveza al tiempo que una anciana nos interrumpe, nos ofrece una caja de chicles pero la despides sin contemplación. Estamos en un lugar en el que no deben estar ni ancianos ni niños ni gente con muchas esperanzas aunque sí hay parejas en la pista de baile y parecen felices, créeme que lo parecen. Bajamos a la calle y la brisa nos da de frente. Caminamos de regreso a nuestro cuartucho de hotel y al adentrarnos en las calles nos hacemos parte del caldo de la noche. Una puta nos sonríe y pasa de largo, se imagina, me imagino, a ella misma en una noche de brisa fresca tomada de la mano de alguien, enamorada y sin los ajetreos de los reflectores. La calle bulle de olores y colores y no faltará mucho tiempo para que vuelvas sobre la fotografía y decidas no descartarla intentando evitar que el recuerdo se haga más recuerdo y tiempo y olvido, esperando, deseando que seamos más que polvo.

Imagen: Mad Dog Jones

jueves, 15 de octubre de 2015

Fotos viejas

Sin darme cuenta me encuentro revisando fotos viejas, fotos que están aquí o allá, sin mucha importancia; y me sigo viendo como siempre. He cambiado y no es que sea como siempre, tú lo sabes, pero sí mantengo la misma mirada perdida e inexpresiva. Quizá, una forma más de querer perderme entre el clic de la cámara y la luz destellante del flash para no ver las cosas con el prisma adecuado. Una clase de búsqueda que no acaba porque tal vez no ha empezado. Hay una de estas fotografías que llama mucho mi atención. Una foto normal. Una foto en la que estoy mirando a ninguna parte y tú estás sonriendo, mirando, también, a ningún lado. La cuestión es que en la fotografía me veo como un don nadie, como uno de los Sospechosos habituales, temiendo el fin pero, aguardando por una gota de esperanza alojada en quién sabe donde. No creas que la cosa va por quererme creer un bravo y meter terror. Me falta el alma de Fenster y el traje de Keaton para completar semejante empresa. Esos sí son tipos duros. Nena, es difícil hablarte de una película que no has visto, pero sé que sí reconoces esa mirada de perro apaleado o de boxeador noqueado que pongo a veces. En la película es más o menos igual. Unos tipos, del medio lumpen de Los Ángeles, se juntan para cometer un gran 'golpe' y como imaginas, las cosas no salen bien, de otra forma perdería la gracia. Lo curioso niña mía, es que esos personajes saben que se pondrá feo. Saben, o al menos me gusta creerlo, que el final no será feliz, pero aun así, siguen adelante como caballos ebrios de emoción. Lo ves, no me digas que no has visto esa mirada, ese gesto-movimiento de todos los perdedores. Allí está toda la vida que se pierde, toda la calle que se desborda y todas las historias que no se cuentan. Al fin, recortes de periódicos, fotografías como pedazos de recuerdos: tú, sonriendo feliz, yo mirando a ninguna parte pero sin un gran golpe entre manos.